El genio de la lata

Una niña, Gisela, iba paseando por la calle hacia el colegio cuando, sin querer, le dio una patada a una lata. De la lata salió un genio que le dijo:

-Soy el genio de la lata, pídeme tres deseos y…

Gisela le interrumpió:

-Sí, lo sé, lo sé. Te puedo pedir tres deseos.

-Efectivamente -dijo el genio-. Pero pídelos en voz alta que estoy un poco sordo.

-Pues lo primero que quiero -dijo Gisela-, es un Pokémon de juguete.

Y el genio le dio… un biberón y un chupete.

-¡No era eso! -Se quejó Gisela-. No era un biberón y un chupete; era un Pokémon de juguete.

-Lo siento -le respondió el genio-. Ya te dije que andaba un poco sordo. Pero el deseo está gastado.

Gisela pidió su segundo deseo:

-¡Ya sé! Quiero una bicicleta.

Y en su mano apareció una roja piruleta. El genio, orgulloso, le dijo:

-Ahí la tienes ¡Justo lo que querías!

Está sordo como una tapia, pensó Gisela. Pero bueno, aunque no fuese gran cosa, la piruleta era mejor que nada. Entonces formuló su tercer y último deseo:

-Quiero… una bata de flores y nubes.

Y junto Gisela resonó un «ummmmhhhh».

-¿Eh? ¿Pero qué es esto?

-Pues lo que has pedido ¡una vaca con grandes ubres!

El genio volvió a su lata y Gisela entró en el cole seguida de la vaca. Al verla, su profesor le preguntó qué hacía allí con semejante compañía. Ella le contó lo que había pasado y todos estuvieron contentos, porque, desde entonces, la vaca se quedó en el colegio, se hizo amiga de los niños, y estos pudieron desayunar todos los días leche recién ordeñada.

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