Groucha, la bromista

A Groucha le encantaba gastar bromas. No solo el día de los inocentes, no, sino durante todo el año. ¿Conoces la broma de cambiar el azúcar por sal? Esa fue de las primeras que hizo.

Otra de sus preferidas era atar una moneda con hilo de pescar. Dejaba la moneda en medio de la acera y se escondía con el hilo bien cogido en su mano. Cuando alguien se agachaba para coger la moneda, Groucha tiraba del hilo y salía corriendo, riéndose a carcajadas.

A veces sus bromas no salían del todo bien, como una vez que Groucha cambió el bote de laca para el pelo de su amiga “Chica” por un spray de pintura, color rosa. Un color muy bonito, sin duda, pero que a Chica no le gustó nada cuando se vio frente al espejo.

Un día, cuando Groucha tenía 15 años, recibió una misteriosa carta en el buzón. Era una carta de Loterías y Apuestas del Estado, que decía lo siguiente:

ENHORABUENA
¡Tiene la oportunidad de ganar 200 millones de euros!
¡Solo tiene que encontrar a Prudencio Picapiedra Piedrahita y hacerse una foto con él!

Groucha no se lo pensó dos veces. Preparó su mochila y salió a la calle, dispuesta a encontrar, estuviese donde estuviese, a Prudencio Picapiedra Piedrahita.

Preguntó por toda su ciudad, pero no tuvo suerte. Fue después al pueblo más cercano, pero allí no vivía ningún Prudencio. Y así, de pueblo en pueblo, Groucha fue recorriendo todo el mundo hasta que, al cabo de 40 años, tras dar la vuelta al mundo visitando todos los países, llegó de nuevo a su casa.

Chica la vio llegar y, estupefacta, le preguntó:

-Pero Groucha ¿dónde te has metido todo este tiempo? Desapareciste sin más, hace 40 años.

-Bueno, tuvo que irme -recibí una carta en la que me decían que, si encontraba a Prudencio Picapiedra Piedrahita, ganaría 200 millones de Euros.

-¡Ah! Esa carta -se sonrojó Chica- ¡es culpa mía! ¡Yo la escribí! Solo intentaba gastarse una broma. Lo siento mucho. Me parece que la lie parda.

-¡Oh! No lo sientas -respondió Groucha-. Al contrario. Me hiciste un fantástico regalo. Gracias a esa carta he podido conocer cientos… qué digo, miles de lugares. Gentes fantásticas y paisajes increíbles. Y todavía tenemos tiempo para seguir siendo amigas. Podremos hacer muchas cosas juntas. ¿Qué tal si preparamos una broma?

Ilustración original de Mohamed Hassan, usada en los términos de Pixabay

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